
Es el de algunas vidas que parecen no ser alcanzadas por la luz de la Luna, ni la luz del Sol y que viven en la penumbra.
Cuando muchos mirábamos hacia la Luna, para ver cómo la Tierra le hacía sombra, había en la Tierra un hombre que dormía, dormía el sueño del descanso bajo la no luz de la Luna. Pero está acostumbrado a no ser iluminado por ella. No le interesaba el eclipse ni la Luna, sólo (tal vez) que no lloviera para no tener que mudarse.
Al verlo me quedé mirándolo y pensé: “pobre hombre”. Cuando en realidad es un hombre pobre. Pobre como tantos otros. Pero con una tranquilidad y voluntad de trabajo admirables. Es de la zona, un hombre pequeño de estatura, ancho de abdomen y calvo, con una cara que provoca tenerle cariño. Me resulta inevitable saludarlo cada vez que nos cruzamos. ¡Por supuesto que es una persona más!, aunque a veces dudo de su existencia porque no veo que otros lo saluden. Yo lo veo, entonces lo saludo. Si lo veo casi todas las veces que camino por mi barrio, ¿cómo no voy a saludarlo, como a un vecino?
Es muy triste (y lamentable) saber que muchas personas no lo ven, o no quieren verlo. Y que a otras, les conviene que nadie lo vea.
Tratemos de mirar a los eclipsados que viven entre nosotros, en la Tierra, antes de que venga el próximo eclipse lunar.
Tal vez podamos hacer que la luz le llegue a quienes la necesitan un poco más que otros.
Saludos a quienes lean y muchas gracias.