miércoles, 3 de octubre de 2007

EXPULSADO

El mundo era entonces un universo de sentidos, un suave y mullido colchón de sensaciones cálidas y agradables. No había luz, ni sombras, la oscuridad simplemente no era.

Así fue mi mundo por un tiempo, en el cual las voces eran externas y desconocidas. Inimaginables rostros y queridas caricias me acechaban esperando que llegara el momento.

Entonces sucedió. Empezó con pequeños temblores, breves pero continuos, que provocarían mi salida de ese mundo. Una grieta fue abriéndose cada vez más, se oían gritos y palabras dulces. Tuve miedo, sentí que era expulsado hacia un universo cruel, seco y áspero. Algo tan extraño y penoso para mí. Eso imaginé.

No tardé mucho en aparecer allí y notar que mis ojos se cegaban por aquella luz. Entonces pude percibir otras formas, olores y sentidos. Fui golpeado en señal de bienvenida y se escapó algo desde mis entrañas. Lo sentí. Sentí y me llené de algo extraño, no era nada y sin embargo sin él no sobreviviría en este mundo. Vi seres enormes y verdes. Ninguno era como yo. Uno de ellos me sostenía en una extraña posición.

Dejé de llorar cuando sentí la tibieza de algo parecido a mi antiguo hogar. Pero era diferente, no producía el aletargamiento familiar; tuve miedo de moverme. Finalmente me envolvieron en algo suave y abrigado y me presentaron a una mujer. Me entregaron a ella, quien me tomó entre sus brazos húmedos y, apoyando sus labios en mi frente, me dijo: HIJO MIO, TE AMO.



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